Si pensamos en las portadas de los discos de Jazz, a todos nos viene a la cabeza la imagen de un músico bien vestido proyectando su mirada circunspecta mientras agarra, sin ninguna gracia, su instrumento, o pone una repugnante cara de interesante . Vamos, algo como esto:



El predominio de la imagen en blanco y negro, un intencionado buen gusto y la proporción en el sentido del humor caracterizan el grafismo de este estilo musical hecho a la medida del funcionarizado progre y afrancesado, tan amante de exhibir a diestro y siniestro sus muestras de buen gusto, o lo que ellos entienden por buen gusto.
Pero como en todas las disciplinas, dentro del mundo del Jazz también hay lugar a la disidencia, a la nota de color, en una palabra: al humor descacharrante. Eso es lo que simboliza el clarinetista turco Marcel Zanini. Verdadero cachondo mental, sus portadas y estilismo tienen mucho más que ver con las películas de Louis de Funès o con los discos de “Zapato Veloz” que con esos estirados de John Coltrane o Count Basie. Adoro su estética de cassette de gasolinera Siempre sale partiéndose el culo en las carátulas o fabricando algún tipo de broma; su estilismo es demencial e incomparable; es más feo que pegarle a un padre y encima se jacta de ello, le viste su peor enemigo y la combinación colores que elige para decorar sus portadas dejarían ciego a cualquier gay. A mí me tiene conquistado, espero que también a vosotros.





