
¿Qué opinarías si tu hijo, que no tiene ni media hostia, se empeñara en partirle la cara al rubiales del barrio que le saca más de dos cabezas? ¿Cómo afrontarías, como padre de Daniel, esta situación?: ¿Creerías adecuado que dirigiera su entrenamiento un jubilado chino? ¿Te molaría que en el transcurso de esas sesiones tu hijo no parara de trabajar para ese chinorris, pintándole la valla de su casa o encerándole el coche, mientras el anciano se rasca las pelotas a dos manos? ¿estarías tranquilo/a el día de la competición cuando la única llave que le ha enseñado ese negrero a tu hijo es una patada que se anuncia a la legua? Las respuestas a todas estas preguntas es NO. Lógicamente, tu hijo debería de asumir su rol en este mundo: el de un ser hostiable.

MARTY MCFLY en REGRESO AL FUTURO
Imagina que llevas años intentando ganarte el respeto de tu hijo, y que éste tiene como único amigo a un jubilado (una especie de Eduard Punset americano) que posee una máquina del tiempo. Una buena noche ese artilugio del demonio le transporta a la época en la que tú tenías 15 o 16 años. Una vez recala en tu pasado, el niño observa de primera mano que eras un absoluto gilipollas, un verdadero hazmerreír público. Para mayor escarnio, tu novia de entonces (su futura madre) se lo quiere tirar sí o sí. No mola nada, verdad. Pues esta pesadilla es la que tiene que vivir el bueno de George McFly (un verdadero mártir ochentero) Moraleja: aparta a tus hijos de los jubilados.

E.T. en E.T.
Nadie ha hablado lo suficiente del calvario que debieron sufrir los padres de E.T. cuando el tarambana de su hijo se perdió en la tierra. Estoy seguro que el infierno que ahora están viviendo los McCann no es nada comparado con el martirio interestelar que soportaron este matrimonio de alienígenas. Porque las cosas claras, sus padres no podían tener depositadas muchas esperanzas en el buen hacer de la criatura; ya que E.T. no era precisamente un muchacho que supiera desenvolverse en una situación como esa. De hecho, sus esfuerzos por regresar a casa se limitaron a solicitar una conferencia telefónica con otra galaxia (recordemos que en 1982 ni tan siquiera existían los móviles) o a intentar recorrer una distancia de millones de años luz en bicicleta de paseo. No hay nada peor que un hijo así de frívolo.

LOS GOONIES AL COMPLETO
Supón que tu hijo se junta con una panda de descerebrados sin educación; que te toca tenerlos día sí, día también, metidos en casa; machándolo todo; metiéndose en líos; riéndose hasta de tu sombra, mientras ves como los sudados trienios de tu sueldo se los pule un gordo zampabollos y un chino crea-artilugios inservibles. Menudo panorama, verdad. Pues esos eran los Goonies para cualquiera de los progenitores que tenían la mala suerte de tener que aguantarlos una tarde de Domingo en su hogar. La frase: “¿pero es que no tenéis casa?” jamás habrá sido mejor empleada.
EL INCONSCIENTE QUE COMPRA UN GREMLIN
Pudiendo comprar un perro, un gato, un pez o cualquier otro tipo de mascota conocida. ¿Cómo se le ocurre a este descerebrado adquirir, en la trastienda de un todo a cien, un animal de compañía que se encuentra completamente descatalogado de cualquier tratado de biología, y que para más inri es más difícil de alimentar que la hija de la Esteban? ¿Cuándo y cómo se saca un Gremlin a que haga sus necesidades? ¿Lo hace todo en casa? ¿Cómo reaccionar ante la gracieta del muchacho, que te ha traído a casa una especie de conejo con ojos de Courtney Love, que además se transforma de la noche a la mañana en una mezcla de asqueroso reptil, Sid Vicious y Raimundo Amador? ¿Es para matarlo, o no es para matarlo?